Soy una persona reflexiva, con una profunda curiosidad por el mundo y por las ideas que lo transforman. Me interesan especialmente los temas complejos y, a veces, polémicos, porque creo que el diálogo respetuoso es una de las herramientas más poderosas para crecer como individuos y como sociedad.
Me considero una eterna aprendiz. Disfruto escuchar, cuestionar y ampliar mis perspectivas. Aunque no siempre lo exprese abiertamente, soy una persona sensible y profundamente recíproca en todos los aspectos de mi vida. Valoro la coherencia, la empatía y la responsabilidad, y procuro actuar con principios sólidos que reflejen el respeto hacia los demás y hacia el planeta.
Creo firmemente que la diversidad nos engrandece. Las diferencias no deberían dividirnos, sino enriquecernos. Soy una persona tolerante; respeto ideas, culturas y formas de pensar distintas a las mías. Lo único que no tolero es la intolerancia, porque considero que el respeto es la base mínima para cualquier convivencia sana.
Me preocupan los temas políticos y las relaciones internacionales, pero, por encima de todo, me importan las personas. Me duele la desigualdad, la pobreza y la falta de oportunidades que enfrentan