Les presento a alguien cuyo abrazo sabe a calma y cuya sonrisa enciende cualquier habitación. Es de esas personas cariñosas que recuerdan tu nombre y también lo que te hace feliz. Su carisma no es ruidoso, sino genuino: te escucha como si cada palabra tuya fuera importante. Es amable por naturaleza, honesta como el sol de la mañana, tan bonita por dentro como por fuera. Tiene una alegría contagiosa, de esa que nace sin motivo y se queda contigo todo el día. Espontánea hasta decir basta, puede bailar mientras cocina o llorar con una película sin disculparse. No busca protagonismo, pero lo tiene porque cuando ella está cerca, todo es más auténtico. Por eso hoy quiero que la conozcan: porque personas así, de luz sincera, no se encuentran todos los días.