Soy César, un limeño que divide su vida entre el diseño publicitario, la poesía y las historias bien contadas. Más allá de los títulos, me defino por lo que más me mueve: ser hijo, hermano y, sobre todo, padre. Mi carácter y mi forma de ver el mundo se cocinaron a base de golpes duros, traiciones y momentos de destierro, pero lejos de amargarme, esas cicatrices me enseñaron a mirar el dolor de frente y a ponerme siempre en los zapatos de los más desprotegidos. No me gustan los adornos ni las poses; prefiero la honestidad cruda, la compañía de mis espiritus y el arte que nace de la melancolía real, esa que te sacude por dentro porque habla de la pura vulnerabilidad humana.